Pionero del rock argentino y de la década dorada de la música nacional, Roberto Sánchez se apoderó del escenario con su look particular desde el inicio de su carrera hasta su consolidación como cantante romántico y figura popular.
Por Agustina Campbell
Considerado el Elvis Presley de América, Roberto Sánchez marcó una época gracias a su carisma y estilo personal.
Su primera aparición pública se dio en 1960. Como solista, adoptó el seudónimo de Sandro, y al poco tiempo, formó el grupo Los Caniches de Oklahoma y grabó su primer single, un rock en español de su autoría, "Comiendo rosquitas calientes en el Puente Alsina", una de las candidatas a ser considerada la primera canción grabada de rock argentina. Al año siguiente la banda se trasformó en Los de Fuego.
Su presentación en la televisión argentina se dio en el recordado programa Sábados Circulares de Pipo Mancera, que se transformó en plataforma perfecta para afianzar su popularidad. Además, Sandro se vestía y se movía "a lo rey del rock and roll". Por lo cual, se ganó el nombre de "el Elvis criollo" o "el Elvis latino". Campera de cuero, peinado batido y patillas era su impronta particular arriba del escenario. Con su costantes apariciones públicas, su vestuario se popularizó entre los jóvenes de aquella generación y se transformó en un referente de la moda nacional.
A principios de 1965 apareció Sandro y los de Fuego, el primer álbum LP de Sandro, que incluía versiones de Los Beatles ("Te conseguiré", "Anochecer de un día agitado"), Jerry Lee Lewis ("Hay mucha agitación"), Buddy Holly ("Peggy, Peggy"), Elvis ("En mi mente"), entre otros reconocidos artistas.
El siguiente paso fue el lanzamiento de Al calor de Sandro y Los de Fuego, otro álbum que seguía la línea anterior: realizar covers de temas exitosos del rock anglosajón.
Antes de finalizar 1965 se disolvieron Los de Fuego, y Sandro formó una nueva banda soporte, The Black Combo (homenaje a Bill Black, bajista de Elvis), y demostró una vez más la clara influencia del cantante norteamericano sobre su estilo musical.
En 1966 Sandro lanzó su tercera -El sorprendente mundo de Sandro- y cuarta producción musical, Alma y fuego. En esta última comienza a delinear su nueva inclinación musical: los ritmos latinos.
A mediados de 1967 Sandro lanzó su último álbum de la etapa roquera, Beat Latino. En el título del álbum revela su decisión de encaminar musicalmente su carrera hacia una fusión de los nuevos ritmos provenientes del rock and roll con los estilos latinos, especialmente la balada romántica, con el fin de desarrollar una música moderna y juvenil pero también de fuerte atracción popular.
De esta manera este pausado pero notorio cambio también propició una transformación en su look y vestuario. Reemplazó a la campera de cuero por el smoking y la corbata, los jeans por los pantalones acampanados. Si conservó el pelo largo revuelto y la patillas largas y su espíritu y actitud sensual, atributos que sellaron su marca personal.
Dejó en claro que era el referente de la moda popular de fines de los 60 y la década de los 70.
La consolidación de un mito
Un nuevo salto se produjo a fines de ese año de 1968, cuando lanzó su octavo álbum, el más exitoso de su carrera: La magia de Sandro. Con éxitos como: "Penas", "Penumbras", "Así", "Tengo", "Por tu amor", "Paris ante ti", "Por algún camino", "Lluvia de Rosas", "Yuma yoe", "Me amas y me dejas" y "La juventud se va".
Desde principios de la década del 70 hasta los 80, Sandro realizó 12 películas y 35 álbumes. Con el crecimiento de su popularidad, aceptó el apodo de Gitano, que eligió para él un productor, ya que su abuelo paterno nació en Hungría y, luego, emigró a España.
El famoso estadio del Madison Square Garden, de Nueva York lo aplaudió de pie el 11 de abril de 1970: ofreció dos recitales ante 250 mil espectadores. Con este novedoso suceso se convirtió en el primer artista latino en actuar y llenar el famoso complejo destinado a grandes eventos del espectáculo.
Consolidada su carrera en el ámbito naional e internacional, definitivamente, optó por el look que lo acompañó durante la segunda parte de su carrera: pantalones oxford, camisa con bolados en diferentes tonalidades o corbatas y pañuelo al tono, prendas que definirían su inconfundible personalidad seductora
En noviembre de 2005, en Los Ángeles, le hicieron un homenaje y le otorgaron el Grammy Latino por su excelencia musical como cantautor y actor y por su trayectoria artística.
En una época de contantes y revolucionarios cambios, su carisma e identidad personal definieron un nuevo código arriba y fuera del escenario, que podrá ser imitado pero será difícil de igualar.
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